Los signos de los tiempos
Una constante de estos tiempos históricos, y de este tiempo, en particular, durante diciembre y enero, es llegar en un estado de agotamiento, fisicomental, en la necesidad imperiosa de descansar, clamado a gritos por la mayoría.
Comúnmente “descansar” es una palabra utilizada para referenciar la situación, por que, tantos aquellos que pueden, como lo que no, por diversas razones, no descansan, o se meten en agotamientos diferentes a los del resto del año, pero agotamientos al fin, lo que no cambia mucho la situación.
Correr para llegar primero al lugar de descanso o antes al centro comercial, es la rutina diaria, los que quieren entrar a satisfacer sus necesidades, y los que quieren salir para gozar ellos también de las merecidas, vacaciones, transformando la situación en un circulo vicioso, por que unos empujan a otros, lo que provoca una nueva puja, entre los que están “descansando” y los que tienen que trabajar, para atenderlos.
En la vereda de enfrente una multitud de seres “fuera de juego”, excluidos de la puja, sin posibilidades, ellos están ahí esperando los “cartones, las botellas vacías y los restos del banquete”
Quien podrá determinar sin son menos o mas felices que el resto, pero marca un signo de los tiempos.
Es decir que es el mismo ser humano, que “enchufado” en el vértigo se proclama libre y esclavo al mismo tiempo.
Antes de gritar “paren el mundo, que quiero bajar”, debemos atender el desafió que nos llega de la Palabra interpeladora de Jesús.
“Ámense los unos a los otros, como yo los amo”
Un desafió y una utopía
Un proyecto a construir el Reino de Dios
Si los signos de los tiempos muestran un panorama desalentador, el cristiano esta llamado a transformar ese panorama.
Esto no se logra mediante un decreto, el poder de las armas, ni siquiera una nueva ideología liberadora.
Tampoco tener la presunción de ser el que “cierra la historia”, ya que eso le corresponde a Jesús en su segunda venida en Gloria, nosotros apenas somos un tramo o quizá un eslabón en la historia humana, donde la misión no es imponer una doctrina, sino convencer suavemente mediante el testimonio, “desarmar los espíritus” decía Juan XXIII, allá por los años 60, cuando el mítico botón rojo era una amenaza que pendía sobre la humanidad.
Desarmar los espíritus, vuelve a decirnos el Niño Jesús, recién nacido en Belén.
El cristiano es un testigo que sigue a una persona, llamada Jesús de Nazaret.
Vaya utopía, dejarse guiar por un niño recién nacido, pero que espíritu mas desarmado que el de un niño.
Luis Conte buenanuncio@gmail.com www.buenanuncio957.catolico.ws