2° Domingo T.O. 1Sam. , 3-10.19; 1Cor. 6, 13c-15a.17-20; Jn. 1, 35-42.
Al emprender el camino de la vida pública el Señor empieza llamando. No se trata de una invitación a un trabajo sino a estar, a vivir con Él, a empoderarse del proyecto suyo. Aquí está el tema de la vocación: el Señor llama por nombre, conoce en lo profundo del ser, nadie es anónimo para Él. La vocación dice y revela lo que eres y por qué eres. Es así como nos damos cuenta que responder a la vocación no es más que ser fieles a la identidad propia, es don porque somos don de Dios y es revelación del proyecto de vida propia, hechos, creados, llamados para ocupar un espacio en el universo que es proyecto de Dios. Si te quieres hacer tu mismo el nombre, lo que conseguirás será como en la torre de Babel.
Conocer al Señor.
Samuel, a pesar de haber pasado unos años en el templo, todavía no conocía al Señor. De aquí la pregunta para nosotros: son unos años que estamos en la Iglesia, que somos bautizados, confirmados... y ¿conocemos al Señor? ¿Qué conocemos del Señor? Para la biblia se conocen los que son enamorados, los que deciden ponerse totalmente en las manos de la persona amada y de una manera incondicional. De aquí que se puede estar en el templo y, todavía, no conocer al Señor. Pensamos también a los paisanos de Jesús, a sus familiares y vecinos que no lo habían conocido en lo profundo a pesar de los 30 años pasados con él en Nazaret. En esta lógica conocer es parte de un proceso que no termina nunca, siempre nos falta conocer al Señor, hace falta la noche, el silencio interior, hace falta capacidad de distinguir la voz del Señor de los ruidos de muchas voces humanas ya que su voz viene de lo alto. La voz del Señor necesita de alguien que te acompañe para reconocerla, necesita de Eli, de la Iglesia que te acompaña en el proceso.
El cuerpo es templo.
En el tiempo de Navidad se nos reveló que el cuerpo humano es tomado por el hijo de Dios, el cuerpo tiene su momento pleno con el Señor. Es así como entendemos que no podemos pensar al cuerpo como una propiedad privada en la que Dios no está; allí, en la carne, ha nacido el hijo de Dios y él tiene espacio y orienta la acción del cuerpo. Manejar el cuerpo sin tener en cuenta al Señor es una injusticia hacia Dios, es un sacrilegio porque en el bautismo se hizo uno con Cristo, se hizo sagrado, es una profanación porque el cuerpo se hizo lugar de la presencia y de la acción del Espíritu. El cuerpo tiene que ser el instrumento y el camino para el amor.
Juan Bautista o Jesús.
Antes de colocarnos en las palabras del texto nos ubicamos en la realidad de los cristianos con los discípulos de Juan Bautista ya que había quien seguía a Juan y consideraba a él como mesías enviado por Dios. El evangelista Juan empieza desde allí, desde el reconocimiento del Bautista hacia Jesús. Es el mismo Bautista que presenta al Señor, que lo reconoce y que orienta sus discípulos hacia el señor Jesús porque el "cordero de Dios" es el que viene, el enviado, el que camina hacia la pascua. Es el Bautista que mira en lo hondo la realidad de Jesús, lo reconoce, lo indica y se humilla reconociéndose indigno, él ya concluía su misión abriendo el camino del Señor. El cordero de la pascua es inmolado en el mediodía de la vigilia pascual, justo cuando será inmolado Jesús. Jesús, cargando la leña del sacrificio, se ofrece al Padre para ser inmolado en el altar de la cruz, cargando el pecado del hombre, lo vencerá con el don de su amor.
Juan Bautista lleva a Jesús.
Es el comienzo del grupo de los apóstoles, de la iglesia. Ir con Jesús, preguntando de su casa y sintiéndose llamados a estar, a vivir con él porque solo así se logra conocer al Señor. Las palabras "estar, vivir, casa" son decisivas en cuanto a respuesta porque manifiestan la decisión total, expresan como el ser cristianos es una decisión que implica un estilo de vida, que implica hacer unidad con el Señor, que implica salir de lo propio para llenarse de la propuesta divina. Felipe refleja la consecuencia de la experiencia con Jesús, es la misión de ir anunciando quien ha llegado, de presentarlo a Pedro y al mundo entero. La misión es así el anuncio de una persona, es contar quien es y donde está para que todos puedan encontrarse con el Señor. Juan Bautista lo indica a sus discípulos, Felipe lo hace con su hermano Pedro ¿y tú?
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