Domingo II. T.O. CICLO B. D. 15.01.2012. JN. 1,35-42. Juan Carlos vive como todo joven, la experiencia de la música, el ruido de las calles. Un día a las orillas del mar, se encuentra sólo en el silencio. Y medita ¿qué voy hacer de mi vida? Y escucha en su interior ¿Qué buscas?. Se le vino a la memoria el pasaje de Jn 1,35-42 cuando Juan Bautista y dos sus discípulos ven pasar a Jesús. Y les señala: "Ahí está el Cordero de Dios"(v.35). Lo siguen y le preguntan ¿Dónde vives? Vengan y vean (v.39). Experimentaron dónde y cómo vivía y se quedaron con él. Siguieron a Jesús porque encontraron en Él un nuevo sentido a su vida. Y es que para ser discípulos hay que encontrarse con Jesús y experimentar la fe. Es la iniciación de todo discípulo de dejarse conducir por Jesús para creer y vivir un estilo de vida, y comunicar a los demás esta experiencia de fe.
Hoy en un mundo donde el ruido ensordece, tenemos que buscar en el silencio profundo a Jesús. Porque Él es la Palabra de vida: ejemplo y testimonio de su entrega total. "Él es el primer y más grande evangelizador enviado por Dios(Lc 4,44) y, al mismo tiempo el Evangelio de Dios(Rom. 1,3). Como hijos obedientes a la voz del Padre, queremos escuchar aJesús(Lc 9,35) porque Él es el único Maestro(Mt 23,8). Sus palabras son espíritu y vida (Jn 6,63.68)(D.A. 103).
Como seguidores estamos llamados por vocación a ser testigos de palabra y de obra, de modo que la gente vea coherencia de vida. Porque somos cuerpo de Cristo. Con razón Pablo frente al libertinaje sexual en Corinto(1Cor 6,13.15.17-20), nos motiva a los creyentes a vivir rectamente, a cuidar nuestra vida integralmente, a respetar nuestro cuerpo, liberarse de toda fornicación: ¿No saben que su cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes?(v.19). Vivir nuestra vocación cristiana es un llamado constante a seguir a Jesús como Maestro que va modelando tu corazón, tu vida para comprender y sembrar el mundo de amor y trabajar como Iglesia por la dignidad y mejores condiciones de vida más humana para todos. Nuestra vocación cristiana vivida en comunidad, nos lleva a ser conscientes que "existe una miseria, que con frecuencia es el resultado de injusticias y provocada por el egoísmo, que comporta indigencia y hambre y favorece los conflictos. Cuando la Iglesia anuncia la Palabra de Dios, sabe que se ha de favorecer un "círculo virtuoso" entre la pobreza "que conviene elegir" y la pobreza "que es preciso combatir", redescubriendo "la sobriedad y la solidaridad, como valores evangélicos y al mismo tiempo universales...Esto implica opciones de justicia y de sobriedad" (V.D. 107. La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia). Busca a Dios en el silencio y te encontrarás con Él, descubrirás un nuevo sentido a tu vida y la alegría de servirlo en tus hermanos. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)
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