6° Domingo Tiempo Ordinario Lev. 13, 1-2.44-46; 1Cor. 10,31-11,1; Mc. 1, 40-45.  

El milagro es un signo mesiánico.

Es importante que nos pongamos en esta línea de lectura: frente a la tentación de pensar a Jesús según nuestra lógica que lo quiere como un “milagrero”, es preciso dejarse conducir a entender el sentido profundo del momento revelador, descubrir que Jesús es el Evangelio. La lepra marca la “muerte en vida” ya que expresa la realidad de una enfermedad que es parte del dominio del demonio que conduce a perder la esperanza, que conduce a la exclusión de la comunidad, a la pérdida de la dignidad, a sentirse impuro o sea rechazado por el mismo Dios. Jesús se acerca al leproso, tiende su mano y contesta positivamente al requerimiento “si quieres”. Ese requerimiento es contrario a lo del antiguo testamento manifestado por la primera lectura, allí todo hace referencia a la incapacidad humana de enfrentar al dominio del demonio y la conclusión es la exclusión; Jesús revela que Dios ama a los que no son considerados en el contexto social.

Si quieres.

Hay una certeza que Jesús es enviado por Dios y él solo puede en la situación de “muerte” del leproso. Por otro lado está la duda si es que Dios quiera meter mano allí donde la sociedad y la organización religiosa excluyen a seres humanos juzgados como impuros y, por lo mismo, como abandonados por Dios. ¿Será que Dios piensa como la sociedad y como los sacerdotes, escribas y fariseos? Hay algo de duda y, al mismo tiempo, fe y esperanza: tal vez Dios sea distinto y el Mesías es enviado por Dios.

La compasión.

El sufrimiento humano provoca siempre una actitud de compasión en Jesús porque no acepta que alguien quede abandonado, marginado y excluido. Es que eso es fruto de la acción del demonio y es contrario al querer de Dios, el enfermo es el que carga con la consecuencia de esa acción demoníaca. La compasión es el alma en el proyecto de Dios, es lo que revela y lo que plantea el Maestro a sus discípulos: no es posible conformarse con la presencia y la acción del demonio, hay que construir la justicia partiendo de la fraternidad que solo es posible si la relación humana es movida y motivada por la compasión. La compasión conduce a dar vida, a dar dignidad, a dar valor a la persona humana y este proceso es posible con palabras y con gestos, “lo tocó y le dijo”, es una expresión que manifiesta el estilo propio de los sacramentos, camino privilegiado de la obra salvadora.

Volver donde los sacerdotes.

Por un lado podemos entender como Jesús se ha insertado en lo humano en todos los aspectos ya que la ley mandaba confirmar la sanación con la aceptación de los sacerdotes. Por otro lado podemos entender el gesto como una oportunidad para los sacerdotes, escribas y fariseos de reconocer en Jesús al enviado por Dios, para entender que el antiguo testamento conduce a él. Si los sacerdotes, escribas y fariseos no entienden y no aceptan ya no tienen escusas, ellos mismos estarán procurándose su condena. Este es un tema central en el contexto de todo el evangelio.

El mismo leproso se hace misionero.

Es lógico para el cristiano ya que la misión es parte propia de quien se hace discípulo. Lo notamos también como contraposición con la incomprensión farisaica: el excluido-recuperado con el milagro es quien ha entendido su rol, su misión de anunciar la palabra. El evangelio empieza desde Galilea y camina hacia Jerusalén, termina enviando a los apóstoles hacia Galilea para encontrarse con el Maestro en el momento de su ascensión; es el momento en que la palabra está en la responsabilidad de la Iglesia, de los cristianos: “vayan en el mundo entero y anuncien el evangelio”.

AdjuntoTamaño
domingo_12-02-12.mp34.27 MB

    Enviar un comentario nuevo

    Plain text

    • No se permiten etiquetas HTML.
    • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
    • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.