4° Domingo T.O. Dt. 18, 15-20; 1Cor. 7, 32-35; Mc. 1, 21-28

Asombrados de sus palabras.
El tema de la palabra es decisivo en el contexto humano y en el ámbito de la fe. Necesitamos ahondar el tema para llegar a entender como no podemos pensar en la fe si no arrancamos desde la palabra. La palabra está profundamente unida al pensamiento así como el pensamiento está unido al sentimiento. La palabra es el instrumento que hace presente la verdad de la vida, siempre y cuando no se la quiera separar ya que allí estaríamos hablando de mentira. La palabra tiene poder porque, al expresar lo interior, manifiesta también el deseo de dar un nombre a la realidad, a las cosas y así empoderarse de ellas ya que, al dar el nombre, manifestamos el ser y abrimos el camino de su realización. Saber hablar es empadronarse de la cultura y abrir la puerta a un espacio de poder social.

Jesús habla, enseña.
La palabra de Jesús revela su pensamiento y su corazón; no solo ya que lo de Jesús es lo de Dios. Se trata de revelar el misterio trinitario, misterio de amor en su ser y en su actuar en la creación. Es con la palabra, verdad que no termina en un anuncio verbal sino que llega hasta hacerse carne en Jesús, que hizo la vida comunicando su amor eterno. En Jesús la palabra se hace reveladora al punto que asombra porque revela todo el misterio de la vida, misterio de Dios en su fuente y misterio del hombre es su ser. Mirar a Dios, entender el misterio de su amor es empaparse en la verdad, es encontrarse en la coherencia entre lo trinitario, lo creador y lo que indica, revela el camino que hay que recorrer.

Dios no abandona.
Si el Antiguo Testamento era marcado por la promesa, la palabra de Jesús ya es la realización: "haré surgir un profeta", uno que habla lo de Dios, uno que, para hablar lo de Dios, tiene que vivir en unidad, en comunión con Dios y ¿quién si no Jesús, el hijo eterno del Padre, Dios como él mismo? Es la respuesta verdadera al anhelo humano de quererse poner en contacto con Dios; eso es posible porque Dios mismo toma la iniciativa y envía a su hijo. El tema de fondo está en la palabra, una palabra divina que tiene que revelar el pensamiento divino, el único que manifiesta de verdad el camino de realización humana, camino de justicia, de amor y de paz. Desde allí podemos decir con sinceridad que Dios se ha comprometido con cada uno y podemos contar con Él, Dios elige, llama y envía.

Jesús libera del demonio.
El milagro presentado por Marco, el primero, no es fruto de un encuentro casual, Jesús que puso su casa en Cafarnaúm donde era la casa de Pedro, anuncia la palabra, se inserta en el día a día de la vida, se encuentra con un endemoniado. Son expresiones del proyecto de Dios: el hijo se encarna, está en la vida de la humanidad, es parte del camino de fe del pueblo y revela su misión salvadora; él es quien vence al que domina al hombre, al demonio. Este es el plan de la misión de Jesús, este es el evangelio, un camino de liberación del mal. La palabra de Jesús anunciada en la sinagoga se complementa, se hace verdadera con el milagro. Nos encontramos con una síntesis del evangelio.

El endemoniado.
Estaba en la sinagoga con toda la gente. Esto nos dice como antes de la llegada de Jesús, el demonio estaba bien en medio de los hombres, se encontraba bien con su poder sobre los pensamientos, los deseos, los sentimientos y las acciones de la comunidad. El problema surge cuando Jesús se presenta y anuncia lo de Dios: no es posible creer en Dios y aceptar la propuesta y el dominio del demonio, hay que elegir pero ¿cómo es posible si no interviene primero el Señor liberando del poder del demonio? Es el demonio que empieza la hostilidad, es él que reconoce la presencia divina y su poder, es él que ha tenido al hombre lejos de Dios y ahora Dios mismo vino para reconciliar al hombre. Endemoniado es quien se encuentra bajo el poder del maligno y que orienta su vida hacia el odio, el egoísmo, la injusticia, la violencia... La comunidad, con sus expresiones culturales, ideológicas, filosóficas... acepta como normal la presencia del mal mientras que no puede ser tal para Jesús.

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