3° Domingo T.O. Jon. 3, 1-5.10; 1Cor. 7, 29-31; Mc. 1, 14-20.
El plan de Dios.
Dios toma la decisión de enviar a su Hijo por una razón clara: en el mundo hay enemigos, hay gente que se odia, se hace daño y no logra salir del tema con la conversión de vida, la visión de una política nueva que supere el odio y sea capaz de construir fraternidad en la justicia. Dios, que es padre, no puede ver a sus hijos en esta situación, hay que cambiar las actitudes y los sentimientos, hay que ser constructores de fraternidad porque solo así es posible pensar en un futuro mejor.
Hace falta escuchar al Señor.
Nos ubicamos en el tiempo y en la realidad de Jonás. Es un profeta, o sea uno que tiene facilidad en determinar el querer de Dios y, al mismo tiempo, uno que está bien metido en la vida de su pueblo. Asiria había hecho mucho daño a Israel, había sido muy mala provocando dolor, muerte y destrucción y, ahora, Dios le pide a Jonás, un nombre que dice "paloma", de ir a anunciar que Dios, el que escucha el dolor de los humanos y más de su pueblo, sufría por la mala actuación de Nínive que era la capital, y que era necesaria la conversión. Aquí está el problema de Jonás-Israel, el que había sufrido y que era invitado por Dios a ser instrumento, palabra que provocara la conversión de Nínive y la intervención bondadosa de Dios. Entendemos como es difícil responder positivamente al planteamiento de Dios, exige un cambio radical de visión con la iniciativa de perdón desde uno mismo. Hay que vencer los pensamientos pequeños y los sentimientos mezquinos creyendo que Dios piense como nosotros o tenga que pensar como nosotros; el enemigo no es para ser destruido sino para provocar en él una actitud de conciencia del mal hecho y de conversión. "Quiero la conversión del pecador y no su destrucción" y el pecador no se lo puede pensar solo en razón del mal recibido sino desde nosotros mismos.
Empieza una historia nueva, una historia de conversión.
Todo empieza en Galilea donde Jesús había vivido su infancia y su juventud. El lugar tiene un valor no solo de definición ambiental sino es una mirada teológica ya que, desde allí, empieza un camino que lo llevará a Jerusalén, a la pascua. Es una historia nueva porque el drama del pecado, esclavitud del demonio, tiene ya quien lo gana, encuentra al señor Jesús que empieza su batalla. Hace falta una decisión de parte de los hombres, una decisión que permita ubicarse; ¿quieres seguir el camino de siempre o quieres comprometerte con el Señor?
Después que arrestaron a Juan el Bautista.
El Antiguo Testamento relata la incapacidad del pueblo de emprender el camino del Reino ya que termina con el arresto de Juan el Bautista, el último de los profetas que adelanta la meta de la pascua. El Señor toma en sus manos el proyecto. Él es el evangelio, la buena nueva de la presencia del Reino que ya está. Se lo conoce si se cree y se puede creer si se convierte la actitud interior y de vida. No es posible entrar en la buena nueva del Reino sin estas dos condiciones de fe y de conversión. Y hay que tener claro que el Reino no es una noticia verbal sino una presencia personal de Dios en la historia y, por lo tanto hay que entrar en la casa del Señor, hay que hacer comunión con Él, hay que conocer su amor para con nosotros y con todos los hombres, un amor que es más de nuestro pecado y es por eso que lo vence, hay que entender que solo el amor es el camino que supera el odio y el rencor y que crea justicia propia del Reino. De allí el tema de la conversión que exige un cambio de mirada desde la visión de Dios y de la respuesta en un camino de paz y de justicia. Se trata de ponerse en sus manos y de dejarse conducir.
La llamada.
Nos habla de la atención del Señor a los hombres, a su realidad de vida y de trabajo y de la decisión de incluirles en el Evangelio. La meta es la vida de todos, es ser pescadores de hombres: desde la realidad de su trabajo hasta la meta propia del Señor que vino para que "todos tengan vida y vida en abundancia". Para eso es preciso dejar todo para empoderarse de lo de Dios, es dar razón divina al trabajo y a la historia, es necesario ser inmediatos en la respuesta, es necesario fiarse aunque todavía no tengas claro hasta donde te conduce, eso se aclarará caminando con Él y, sobre todo, cuando te encontrarás delante de la tumba vacía.
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