La Iglesia Católica en el Ecuador en su afán de construir una sociedad más justa, solidaria y humana, acompaña el caminar de las personas migrantes y refugiadas: quienes han salido de nuestro país; quienes retornan; quienes han llegado desde otras naciones a la nuestra; y quienes huyen de la violencia en su país de origen; todos ellos buscando mejores condiciones de vida. Esta cercanía nos permite reconocer su aporte en el ámbito social, cultural, político y económico tanto en los países de origen como de destino, así como las dificultades que deben enfrentar para realizar a plenitud sus proyectos de vida.
Estas dificultades constituyen muchas veces formas de vulneración de los derechos de las personas migrantes y refugiadas, que se sostienen en el sistema económico vigente, en políticas migratorias inadecuadas, y en que nuestra población tiene una visión fragmentada y descontextualizada de la realidad, lo cual los expone a situaciones de explotación laboral, xenofobia, discriminación, violencia y a riesgos como la trata y tráfico de personas.
Somos conscientes que la realidad nacional e internacional está siendo afectada por la crisis económica global; no obstante, esto no justifica la implementación de restricciones que impidan la integración efectiva de las personas y familias en las comunidades de acogida.
Por lo dicho y en vista de que el 18 de diciembre se conmemora el Día Internacional del Migrante, queremos unir nuestras voces con las de las personas en movilidad y sus organizaciones, así como con las de entidades comprometidas con esta realidad, para presentar un mensaje a la sociedad ecuatoriana y a las autoridades gubernamentales, a fin de avanzar en la comprensión y atención de esta realidad social:
Exhortamos a las autoridades y funcionarios del Gobierno Nacional y de los gobiernos locales, responsables de definir e implementar las políticas migratorias y de refugio, para que se constituyan en referentes de mensajes positivos sobre la población en movilidad humana, y con ello contribuyamos a disminuir en nuestra sociedad actitudes xenofóbicas y de discriminación: Todavía en nuestro país, la población inmigrante que no ha logrado regularizarse, está sometida a condiciones precarias de trabajo, maltrato y explotación. Las personas en situación de refugio son acosadas por las autoridades de control, frente a la disposición de revisar la concesión de carnet de refugiado.No es posible que se nieguen derechos fundamentales por la condición migratoria irregular, como es el caso del derecho a la nacionalidad ecuatoriana para los hijos de inmigrantes y refugiados, niñas y niños, nacidos en nuestro país. Pedimos que las autoridades competentes garanticen los derechos humanos de migrantes y refugiados y el acceso a servicios sociales como la salud, educación, vivienda, empleo, seguridad social, crédito y capacitación.Es fundamental que los medios de comunicación difundan mensajes de sensibilización que aporten en la construcción de una sociedad solidaria e integradora, que respeta la diversidad y acoge a las personas de otras nacionalidades. Es necesario implementar mecanismos de prevención, en el sistema educativo y en las comunidades urbanas y rurales, que ayuden a evitar la exposición a riesgos como la trata y tráfico de personas.Las personas que han decidido retornar al Ecuador traen consigo experiencias de vida y de trabajo que pueden enriquecer a nuestra sociedad; sin embargo no todos han accedido a programas que permitan una integración en términos laborales, económicos, educativos y sociales. Debemos mejorar las condiciones para su retorno.
La reactivación productiva, el crédito, la capacitación técnica, la inversión en infraestructura, el acceso a tierra y agua y la generación de empleo, es un imperativo para que la migración no sea una alternativa frente al desempleo y para garantizar una real integración, interculturalidad, solidaridad y equidad, independiente de la nacionalidad, género, etnia y edad de la población.
Con este manifiesto queremos expresar nuestra solidaridad con las personas migrantes y refugiadas y suscribimos junto a otras instituciones hermanadas por la búsqueda de una sociedad más humana e integradora.
Mons. Ángel Polivio Sánchez, Secretario General, Conferencia Episcopal Ecuatoriana
Mons. Julio Parrilla, Obispo de Loja, Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social



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