LC. 2,16-21. 

"Dios envió a su Hijo nacido de mujer, nacido bajo la ley" (Gal 4,4). Son los pobres pastores los que corren presurosos Belén, nos dice el evangelio de Lc. 2,16-21. Y allí encuentran al niño, a María y a José. Todos se asombran, porque descubren en un niño la alegría de vivir, un sentido profundo a sus vidas y a nuestras vidas. Por el sí de María, hemos llegado a ser hijos de Dios, por su hijo Jesús. Porque como hijos "infundió en sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: Abba, es decir, Padre"(Gal 4,6).

Gracias a María, en el rostro humano de su hijo Jesús, se nos muestra el sol de justicia y se nos concede la Paz. Hemos sido bendecidos por Dios: "El Señor te bendiga y te guarde, el señor te muestre su rostro radiante y tenga piedad de ti, el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz" (Núm. 6,24-26). Por María hemos llegado a ser sus hijos porque ella es la madre de la Iglesia, que está presente a través de toda la historia de la salvación. Y por su hijo somos herederos por la voluntad de Dios (Gal. 4,7).

María va creciendo en la fe por los pastores. Son los sencillos los que nos ayudan a descubrir la presencia de Dios. Y por eso "María conservaba y meditaba todo en su corazón" (v.19). Ella como madre de la fe, nos va descubriendo esa revelación de Dios, porque era la llena de gracia. Y nos invita a nosotros cristianos a no quedarnos en el acontecimiento del pasado, sino a revivirlo cada día en nuestra vida. Contemplar y meditar que la Palabra está entre nosotros para enseñarnos que tenemos una misión de hacer posible la fraternidad, la justicia y la paz. Y que en este día de la Jornada de la Paz, Benedicto XVI, nos invita a EDUCAR A LOS JOVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ. Esta responsabilidad es de todos: familia, educadores, políticos, mcs, están llamados a sembrar en el corazón del mundo una nueva mentalidad:"Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz. Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien".

En un Dios hecho niño, los pastores aprendieron a alabar y a glorificar a Dios por todo lo que habían oído y visto (v.20). También hoy nosotros en el humilde hogar de Nazaret, descubrimos el ejemplo y la luz para toda familia cristiana, educativa, política y comunicacional: que Jesús es el Príncipe de la paz para que nos eduquemos y formemos en los valores de la paz, frente a un mundo cada vez más violento, porque: "la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos"(Benedicto XVI 45 Jornada Mundial de la Paz)(Fr.Héctor Herrera, o.p.)

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