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Portada del sitio > Evangelio Dominical > Padre Giorgio Peroni - Radio Latacunga > Tercer Domingo de Pascua
Tercer Domingo de Pascua
P. Giorgio Peroni
/ Martes 6 de abril de 2010
3° Domingo de Pascua Hch. 5, 27b-32.40b-41; Ap. 5, 11-14; Jn. 21, 1-19.
¿Porqué trabajar tanto para nada? El trabajo del sacerdote en la parroquia viene marcado por el esfuerzo y la programación, los papás buscan las mejores iniciativas para sus hijos, el profesor no se conforma nunca de lo que sabe y busca actualizaciones para la comunicación del saber, el empresario cada día hace de su esfuerzo algo que logre producir más, y ¿la conclusión? Aumenta el sensacionalismo pero no la fe, los hijos desilusionan a los padres en las expectativas y los ves sin ideales, el profesor nota desinterés y el empresario no consigue realizar las aspiraciones. La lógica que define las líneas de acción no siempre coincide con el planteamiento del resucitado, son decisiones tomadas sin la luz que viene de lo alto porque el Resucitado tiene una lógica distinta a la de la acumulación, a la de las acciones de la ciencia educativa y productiva, a la del proceso de transmisión de valores familiares nuestros. El tema es fiarse de Él o buscar resultados según la lógica humana. El anuncio y el testimonio cuestionan. El camino de la lógica humana busca siempre mantener lo conseguido, se opone a los cambios planteados sobre todo cuando éstos cuestionan resultados conseguidos. Los cristianos no pueden que ser personas incómodas ya que ponen su mirada y su referencia a valores que quieren cambiar la lógica puramente humana para hacer referencia a los valores propios del Señor, “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. No se trata de mantener una estructura como la creada sino de emprender el camino de liberación y centrar el todo en los valores de la dignidad de la persona humana; es un proceso de conversión total en la visión antropológica, “Dios ha resucitado a Jesús que ustedes han matado colgándole de la cruz”. No se trata solo de acciones sino de razones que motivan el actuar. La realidad y la vida humana no tienen razones suficientemente claras para dar respuestas contundentes a su ser; solo Cristo, el cordero pascual, puede abrir el libro de la vida y de la historia e iluminarlo con la luz de la revelación antropológica manifestada con su vida y con el don pascual del amor. Lo que empezó con el don de la vida en la creación encuentra su realización en el misterio de la pascua. Yo estaré con ustedes todos los días. Si bien es cierto que hay momentos significativos para encontrarse con el Señor, momentos que actualizan la verdad de la resurrección, es también cierto que el Señor está con sus discípulos siempre y en toda situación. En el evangelio de hoy lo encontramos en la pesca de Pedro junto con otros discípulos. No es entonces un momento litúrgico. Hay situaciones que permiten vivir la experiencia del encuentro. Son siete, un número simbólico que revela la totalidad representada por Pedro y los demás. Hay una diversidad de situaciones representadas por el todo ya que cada uno tiene un carácter distinto, hay los que tienen su nombre y unos sin nombre, anónimos. Vale recordar la presencia de Pedro, el carisma de comunión y el garante de la marcha. Pescar en el mar. La palabra mar sigue recordándonos el lugar de la acción del maligno, el lugar en el que el hombre es y se siente esclavo del mal y de la muerte. La misión de los apóstoles es de ser pescadores de hombres, de ser instrumentos de salvación, de liberación de las aguas de la muerte, sacar de la situación de muerte, de no-vida, para que puedan volver a nacer, para que resuciten. Pescar en la noche: es la lógica de la pesca, pero sin la luz que es Cristo, los discípulos no tienen resultado, “sin mí no pueden hacer nada”. No es solo falta de luz física, es que falta Cristo, luz del mundo. Jesús está en la orilla, allá donde ya hay vida. Vuelve el amanecer. Es en ese momento donde aparece Jesús, aunque no esté en la barca, Él ya está en la orilla y desde la orilla, con su voz, sigue manifestando la presencia y ofreciendo la luz que ilumina y hace posible el camino de la pesca, de la salvación de los hombres. La cantidad manifiesta el resultado de la obra del Señor en el contexto de la Iglesia, es toda la humanidad que tiene en sus manos la salvación. La misión de Pedro. Es momento de garantía y de unidad de los creyentes, más allá de la diversidad de carácter, de cultura, de visión, Pedro es la piedra de comunión, es él que hala la red hasta la orilla. En la orilla, donde está Cristo, hay el banquete. Es interesante ver como se pide el pescado, el fruto del trabajo apostólico y se recibe el don del pan, don que es de Cristo y solo de Él. |
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