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Sexto Domingo de Pascua
/ Domingo 2 de mayo de 2010
  
 

VI° Domingo de Pascua Hch. 15, 1-2.22-29; Ap. 21, 10-14.22-23; Jn. 14, 23-29.

El instrumento que conduce y el contenido.

En un mundo que mira a la imagen, a la estética, es fácil reducir el todo de la comunicación al conductor con el cual se quiere transmitir cosas, vender producto y, hasta, entender valores. Pero no puede ser lo mismo el contenido que se quiere comunicar con el instrumento que se utiliza para comunicar, más, quedarse en la forma es perder la verdad de lo que se quiere compartir, es dejar en fragilidad el todo de la comunicación, es ser esclavos de cuanto el viento del momento propone y la rapidez del cambio en el cual somos parte.

La Palabra que anunciamos y la fe que vivimos, no pueden reducirse a un solo estilo de comunicación, a la vez que no puede quedar en lo repetitivo de siempre. Así como hay que tener enganchada la vida de la fe a las raíces del árbol de la Tradición, así mismo, no hay que tenerle miedo al hoy del Espíritu que nos ilumina y nos conduce.

El valor y el límite de la cultura.

Distinguir para no confundir. Es preciso el esfuerzo para distinguir el contenido de la fe de la cultura que la transmite. Es cierto que no es posible la transmisión de valores si no es por medio de expresiones culturales, pero es necesario no confundir. La circuncisión, forma exterior que expresaba la decisión de estar en alianza con Dios, no es contenido de la fe. Es cierto que hay que dejar todo lo que es contrario, lo que se opone a la fe, lo que destruye al hombre, la venganza, el adulterio, el aborto… al mismo tiempo que hay que estar atentos a las nuevas formas culturales de transmisión para hacer que el don de la fe llegue a empapar la vida del ser humano, a mover su compromiso.

Solo es posible conocer si estás con.

Es claro entender que hay continuidad entre el Jesús histórico y el resucitado; es siempre Él que estaba y que está. Para conocerle es preciso que esté entre y con nosotros, más hondo si está en nosotros, si nos alimentamos de Él que es Eucaristía. La situación conflictual propia de la historia tiene esperanza solo en su presencia y en su acción. Pero… estamos en la última cena.

Presencia en la pobreza de los signos.

El pan y el vino: es en la pobreza de estos signos en los que el Señor hará sentir la verdad de su presencia. Él se esconde y se revela. Es un estilo contrario a lo utilizado por la cultura de mercado que se fundamenta en la propaganda, en la publicidad. A Jesús se le conoce y re-conoce cuando nos sentimos pobres y necesitados de su amor. Es su decisión la de esconderse para que lo busquemos, para que se haga intenso el deseo y se abra de par en par la puerta de la vida.

Está con los discípulos así como está con el Padre.

Solo el estar permite hacer comunión. Es en la cercanía y en la comunión donde es posible hacer uno y, donde se logra hacer uno, es donde se puede vivir la experiencia trinitaria. No son los prodigios que revelan sino la comunión. Los gestos de amor revelan al creador, los gestos de amor dicen la verdad de la salvación. Es en el momento de la liberación de Egipto cuando Israel conoce a Yavéh, lo conoce como el baluarte, como el protector de los últimos, de los pobres. Dios está en Jesús, el que se encarnó como último, como pobre.

El Espíritu es el que hace posible el proceso de comunión.

Es el Consolador que enseña y recuerda. Son dos funciones necesarias para hacer posible la verdad de la presencia y de la acción. Es cierto que el Maestro enseñó todo, pero es cierto que la comprensión es fruto de la luz que se lanza sobre la historia: contenido y contenedor tienen que unirse para hacer verdadera la comunicación. Es el Espíritu que hace posible esta relación, que la vuelve uno, que la hace transmisora de la verdad de la Palabra pronunciada por el Maestro, una comunicación dinámica, fruto de la historia, de la escucha y de la respuesta que hace posible el mirar juntos, el hacer juntos. Enseña y recuerda ya que no hay separación entre el ayer y el hoy, sino que hay continuidad de proceso.

Amar es opción global de vida.

El amor no separa el sentimiento de la acción, involucra el todo de la vida, involucra el pensamiento, realidad que da razón a la vida, lleva al sentimiento, contenido que hace posible la comunión, se expresa en la acción, verdad de las manos que se estrechan y hacen posible el hacerse uno.


sexto Domingo de Pascua

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