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Portada del sitio > Evangelio Dominical > Padre José Martínez de Toda, S.J. > Domingo 18C TO (1 agosto 2010)
Domingo 18C TO (1 agosto 2010)
/ Jueves 15 de julio de 2010
“Guárdense de toda clase de codicia” (Lc 12, 13-21)(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Codicia)A todos nos gusta el dinero. ¿Cuándo hay que decir ‘Basta’? Algunos dirán ‘Nunca’. Jesús nos hace pensar, cuando uno del público le dice: Jesús lo remite directamente a los jueces y rabinos, encargados de dirimir esos casos legales: “¿Quién me puso por juez sobre ustedes?” (v. 14). ¿Esta parábola se refiere en general a los millonarios? No se aplica solo a ellos,
Así le pasó al que está preocupado por la herencia no cobrada. Seguro que no recuerda nada de lo que dijo Jesús aquel día. Tiene los oídos sordos. Y Jesús se siente descorazonado, porque después de predicar tanto y cosas superiores, la primera preocupación de este hombre sigue siendo cobrar la herencia, aunque pelee con su hermano. Pero aquel hombre sólo pide justicia. ¿Es que el ‘Maestro’ no se preocupa de la justicia? Por supuesto. Jesús no está en contra de que cobre la herencia ni apoya la injusticia del hermano. Pero la avaricia puede venir bajo capa de justicia y equidad. Por eso Jesús nos advierte sobre todo tipo de avaricia: descarada o sutil, consciente o inconsciente, y sobre toda cola serpentina disfrazada de justicia y corrección. He aquí otro caso de obsesión, causada por la avaricia. “El oro adquirido sin esfuerzo” - "Quiero oro", le dijo el pescador. Preocupado, Buda le aconsejó: - "El oro adquirido sin esfuerzo es una maldición, no una bendición. Te enseñaré por tanto la manera de adquirirlo. En la playa, en frente de tu casa, hay una piedra mágica. Si la encuentras y tocas con ella un trozo de acero, éste se convertirá en oro. El pescador, que llevaba una pulsera de acero, se puso de inmediato a buscar la piedra mágica. Tocaba su pulsera con las piedras y las lanzaba al mar. El ansia del oro no le permitía descansar ni fijarse bien en lo que hacía. Y así fue lanzando todas las piedras al mar. Finalmente, miró su pulsera y, oh sorpresa, se había convertido en oro. Pero, ¿dónde estaba la piedra mágica? La había lanzado al fondo del mar.> (Félix Jiménez, escolapio). La piedra mágica se había perdido en el frenesí avaricioso de encontrarla y hacerse rico. La piedra que transforma la vida entera en el oro de la felicidad es vivir con y para los demás desde el único mandamiento de Dios, el del amor. La seguridad verdadera viene de hacerse ‘rico ante Dios’. ¿Cómo se hace uno ‘rico ante Dios’? Dando a los más necesitados. |
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