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Portada del sitio > Evangelio Dominical > Padre Giorgio Peroni - Radio Latacunga > Domingo XVII Tiempo Ordinario
julio 25, 2010
Domingo XVII Tiempo Ordinario
Gen. 18, 20-32; Col. 2, 12-14; Lc. 11, 1-13
/ Jueves 22 de julio de 2010
¿Qué pides con la oración? Siempre el hombre ha utilizado la oración con la cual pide por su situación y por sus necesidades, pero, si Dios conoce nuestra realidad ¿será necesario cansar a Dios con nuestros ruegos? ¿Quién es Dios para nosotros que rezamos? La imagen es de un Dios que puede ser complaciente a nuestros ruegos y garante de nuestros ideales. ¿Será que Dios puede cambiar su intervención frente a los ruegos de sus discípulos o nos atrevemos a pensar que la oración es el pago para conseguir beneficios? La oración pretende y produce un cambio de corazón. Si miramos a Jesús, el Maestro nuestro, lo encontramos con una oración larga y continua, ¿para qué? “Si es posible, aleja de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”: el meollo de la oración está allí, en dejarse meter en el proyecto de Dios, en librarnos de nuestras pequeñeces y mezquindades para entender su propuesta y estar en ella: “todo está cumplido”.. En la oración, el que gana es Dios. La oración de Abrahán. Si a nosotros parece una contratación para conseguir un beneficio, en realidad es un proceso para entender hasta donde llega la bondad de Dios, un proceso que nos revela la misericordia infinita que intenta salvar al hombre. Es interesante ver como la mirada está colocada sobre el número de justos más que los injustos y como Dios valora el bien capaz de salvar a los pecadores. Abrahán descubre la fuerza inmensa del amor de Dios aunque no llegue más allá del número diez; más tarde se llegará a uno, el uno que es verdad en Cristo. El justo. Aquí está el garante de la salvación porque es el que ama. Las deudas de los pecadores han sido destruidas, clavadas en la cruz donde el Hijo se ha donado. No hay que tener miedo ya que, resucitados en el bautismo, nos damos cuenta que estamos en una vida nueva. La oración de Jesús, una catequesis. Los maestros siempre unían la enseñanza religiosa con la oración. Jesús no toma la iniciativa sino que provoca, con su actitud orante, a los discípulos que le piden enseñarles a orar. No se trata de repetir fórmulas de oración, sino de vivir una relación con Dios. El padre nuestro. No se trata de una oración sino de un compendio de fe y de vida cristiana. Allí encontramos quien es Dios y quienes somos nosotros, sabemos el proyecto del Padre y encontramos el camino para sentirnos hijos suyos, descubrimos a un Dios siempre cercano y en acción en nosotros y comprometemos nuestra vida en Él, nos enseña su amor y nos abre a la generosidad con los más pobres, nos dice que no puede haber oración con un corazón machacado por el odio. Padre. Dios no es un dios cualquiera, es Padre. Desde siempre nos ha amado y porque nos amó, nos creó, amados desde antes de la misma generación, amados con nuestro nombre, con nuestra identidad, con nuestro ser. Santificado sea tu nombre. Este es el sueño de Dios, que su nombre (es su realidad más honda) esté en nosotros porque es la verdad y la garantía de la salvación. El pecador es salvado cuando Dios está en él porque es allí cuando la vida le gana a la muerte del pecado. Es el sueño que exige la disponibilidad de la acogida. Venga a nosotros tu reino. Ya empezó el proceso en el cual Dios toma en sus manos la realidad humana, la conduce, la ilumina y la salva: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”. La espera llegó a la realización que ya empezó. Danos hoy nuestro pan de cada día. El pan es nuestra historia hecha de sentimientos, de emociones, de trabajo, de relaciones. El pan no puede ser para uno solo, es fruto de relación y de solidaridad, por eso es sagrado. Es don de Dios y es fruto de sudor, es revelación de solidaridad y compromiso de fraternidad, es construcción de bondad y es camino de justicia, es liberación del afán desenfrenado de riqueza y confianza en el mañana. Perdónanos. El odio impide la capacidad de orar, impide la relación con el Padre, impide la construcción de la fraternidad, impide ser discípulos, ser cristianos. No nos dejes caer en la tentación. La lucha es constante, necesitamos la intervención continua del Señor en nosotros; nosotros necesitamos su presencia y su acción permanente para asimilar sus pensamientos y sus sentimientos; es precisa una oración insistente. |
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